ALEXSEY DRUGINYN |RIA NOVOSTI
Una puerta sin suturar
Dorada la puerta y dorados los detalles del uniforme de sus guardianes. Roja la alfombra. Negros los trajes, salvo el de una señora azulada que no prestó atención al protocolo del acto. Y cuando creía que la puerta comenzaba a abrirse, alguien apretó el botón de Rewind. Entonces los jóvenes pisaron el suelo al mismo tiempo con sus botas de negro virginal —o de betún infalible— y apretaron los dedos bajo el guante para asir el pomo dorado y cerrarla. “Anda, que si te cierran la puerta, Vladimir”, pudo bromear alguno de sus colaboradores más atrevidos en el almuerzo posterior. Putin, el presidente aficionado a enseñar músculo, la habría abierto en un gesto de supremacía vigorosa. Pero no se fía. Mientras flexiona la rodilla izquierda, apunta de reojo con la mirada al portón simétrico que se agrieta. ¿Quién lo suturará?
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